2012_04_15_larramendi_normal

Leer al completo en ElPaís.com | Descargar pdf | Fotografías de James Rajotte

“Angalanek es la palabra inuit para viaje. En realidad, para un tipo de viaje, algo así como ‘una travesía que tiene su riesgo’. Para decir aventura no existe traducción. Quizá porque en el Ártico, por definición, la vida ya es una aventura. Así que les sobra esa palabra en el diccionario”. Ramón Larramendi, de 46 años, pronuncia sus palabras con contundencia, con un vozarrón acorde a su estatura, no muy lejos de los dos metros, un hombre de las nieves, un tipo interesante. Por lo que dice y por la pasión que pone en ello, pero sobre todo por lo que hace. Es un explorador polar, y esto no es como decir que es actor, deportista, cirujano…, ejemplos de actividades también interesantes, pero que quedan reducidas a la mínima expresión comparadas con la exclusividad y la dificultad de las hazañas de este madrileño de origen donostiarra. Lo que aquí les contamos es su última conquista: la travesía Acciona Antártica, un recorrido de punta a punta del continente en un trineo de siete metros de largo por tres de ancho, la mariposa polar, arrastrada solo por la fuerza del viento mediante una cometa. En realidad, 12, de diferentes tamaños: la más pequeña, de 5 metros cuadrados, para situaciones de mucho viento; la más grande, de 82, para una ligera brisa. Un viaje de 34 días patrocinado por Acciona pasando por el Polo Sur geográfico, una travesía de 3.400 kilómetros y cero emisiones, aprovechando la energía eólica y la solar. Un viaje que además tenía un propósito científico de recogida de muestras de hielo para la investigación del cambio climático. A Ramón, el líder, le acompañaban Juan Pablo Albar, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), además de Ignacio Oficialdegui y Javier Selva.