Aseguran que un buen vestuario de cine es aquel que pasa desapercibido. Cuando eso ocurre, resulta creíble a los ojos del público. Conversamos con tres figurinistas de renombre, Fernando García, Paco Delgado y Carlos Díez, que nos revelan los secretos, pasiones y dificultades de su profesión.

De pequeño ganaba todos los concursos de dibujo. Su padre le acompañaba a recoger los premios, que solían ser cajas de rotuladores, los cuales alimentaban aún más la creatividad del niño Fernando. En el salón de la casa familiar, su madre colgaba decenas de trajes. Ella era costurera, y su marido, florista, hasta que la jubilación les retiró de sus profesiones. El hijo mayor, Antonio, heredó primero el gusto de su madre y con el tiempo acabó metido en la moda y fundando su marca, Antonio García, que hoy se dedica a las bodas y a los vestidos para eventos, siempre para mujeres. En su taller en el centro histórico de Sevilla nos espera su hermano Fernando, 10 años menor y hoy parte de la empresa, que se beneficia de su trabajo en el cine y de su reciente éxito, premio Goya al mejor diseño de vestuario por La isla mínima.

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